Memoria y fidelidad del Espíritu.


La promesaEl Evangelio de este domingo nos descubre dos calves importantes en el seguimiento de Jesús: la fidelidad y la memoria.

Sobre fidelidad puede decirse algunas cosas, por ahora diremos algunas. Fidelidad es perseverar, es cumplir, es también saber y conocer. Uno puede ser fiel de muchas maneras, tal vez la primera que se nos viene en mente es la de no traicionar. Fidelidad y traición son como ejemplos de antagonismo, cosas totalmente contrapuestas… al punto que la primera agrada y la segunda es mejor esquivarla. El evangelio de este domingo pone en boca de Jesús unas palabritas al respecto: “el que me ama será fiel a mi palabra”.

Nuestra vida cristiana puede hacerse de fidelidad a la palabra, ta vez cumpliendo, haciendo mérito, no traicionando… pero hay otra fidelidad, o la misma, vista de manera más amplia: La fidelidad es creatividad. Un ejemplo de esta situación puede ser la vida en un matrimonio, donde  la fidelidad es compañera de la verdad, y uno “es fiel” porque no engaña a su compañero o compañera, y pueden decir “que fiel que es” en tantos años… pero a lo mejor más que fidelidad ahí hay aguante y perseverancia, porque los años pasan, las personas cambian, los sentimientos varían. Una vida vivida de la fidelidad sabrá que hay que reinventarse siempre. Se descubren nuevas maneras, se rompe con la rutina y se anima la vida con los encuentros, con las sorpresas. Una pareja podrá saborear la fidelidad en la medida que reinventen el amor que los une. Un proyecto de vida se anima siendo creativos, sabiendo que el cambio es bueno en la medida que se descubren nuevas alternativas. Y en esto está el amor, para que no se marchite ni se queme nuestro proyecto, hace falta ponerle amor. El que ama a Jesús sabe que la relación con él es siempre nueva, es creatividad… siempre, conocer un poco más a Jesús, tendría que inspirarme novedades, gestos y actitudes.

Ahora bien, otra idea que toma cuerpo en nuestro evangelio es la memoria. Sabemos que memoria es el ejercicio de acordarse las cosas que uno no olvida, sabemos que es almacenar recuerdos. Con la memoria se juntan rostros, momentos vividos, deseos compartidos y proyectos emprendidos. Es también el espacio de los sentidos, porque los recuerdos tienen cargadas las tintas con las emociones, con aquello que nos generó compartir un momento con otros o a veces en soledad. Jesús apela a la memoria, a la memoria de su persona y de su Palabra, diciendo “El Espíritu Santo, que el Padre enviará… les recordará lo que les he dicho”. Con esto se hace un ilación: El Espíritu en nosotros es la memoria de la persona de Jesús, de sus gestos y palabras. La promesa del Espíritu es la garantía de que siempre tendremos el aliento de Dios que nos ayudará a descubrir los gestos que creen la nueva humanidad, la fraternidad del Reino.

La novedad de ser cristiano en lo cotidiano está en tener gestos que hagan de nuestro trabajo, de nuestro estar en familia, una alternativa hacia la felicidad. El Espíritu trabaja como memoria, como motor que recuerda e impulsa… de nuestra parte estará la voluntad para creer y crecer… y no olvidar!

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