Orar sin desanimarse.


Hoy, la Buena Noticia de Jesús, nos deja un mensaje claro, transparente como él mismo. Las lecturas, pero sobre todo el mensaje del evangelio podría dejarse en tres claves importantes: la imagen de Dios, la oración, la situación personal.

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La imagen de Dios
Jesús nos presenta en la parábola a un juez que “no le teme a Dios ni a los hombres” es decir, un juez totalmente desconectado de una relación con los divino, con los valores que esto representa, y también totalmente desinteresado de los males que aquejan a la gente. Un juez que no se preocupa por nada, ni por nadie. Esta imagen del juez, hoy en día bien puede mantenerse o a lo mejor cambiarse por la de un gobernante, un dirigente sindical, un padre o una madre.
Con esta imagen de alguna manera Jesús nos deja en claro como no es Dios, es decir, nos habla de los rasgos distintos del Padre que si es alguien preocupado por la situación de la gente, que es alguien íntimamente vinculado con aquellos que le claman.
La oración
El centro, la acción que acompaña esta escena es la oración, el reclamo, el clamor. Se nos presenta una mujer viuda que implora justicia a este juez injusto. Ella insiste, ella persevera… le gana por cansancio.
La pregunta clave de la semana puede ser esta: ¿Cómo son nuestros modos de oración? ¿Creemos que la oración “sirve” para algo? Muchas veces la realidad de la oración es un mal que nos aqueja, una situación que pone en jaque algunas actitudes, algunos modos de estar en relación a Dios y los demás. Hemos considerado, según las experiencias que hayamos tenido, que orar es perder tiempo. “Pido a Dios y no pasa nada”. Sin embargo, cuando parece que la oración “no sirve” es cuando más eficacia tiene, porque es el modo en que nuestros vínculos se afianzan, nuestros modos de relacionarnos con Dios y de sintonizar con la realidad propia y comunitaria es más eficaz.
La situación personal
Nuestra situación más íntima puede estar representada en la imagen de la viuda. Una mujer que representa a la situación de abandono más notable del tiempo de Jesús, pero a la vez nos muestra una realidad de confianza admirable en el poder de Dios.
La invitación es a hacer experiencia como la viuda, una experiencia que nos haga insistir y tener fe. El condimento de nuestra oración, lo que la hace realmente consistente es la fe.
Que este evangelio nos vaya preparando también para este tiempo de elecciones, para que nuestros gobernantes no sean de oídos tapados, sino más bien personas que sintonicen con las necesidades más profundas de la gente pobre y a pie, que sean también verdaderos defensores de valores que respeten la Vida.
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