En la casa de mi Padre hay muchas moradas.

Publicado: 2 noviembre, 2014 en Reflexiones

Sin títuloReflexión del Evangelio del domingo.

No sabemos muy bien qué cosa es la vida, mucho menos sabemos sobre la muerte. Ella siempre nos pilla a traición aunque la veamos venir, nos rompe, nos parte, nos lanza preguntas difíciles de responder. En ocasiones nos invita al grito, a protestar contra Dios, a la rebelión… La muerte es “la piedra de toque” de la vida, nos deja sin saber. Hoy, que solemos ir al cementerio a recordar a nuestros seres queridos, si ellos que ya saben, pudieran hablarnos, nos recordarían tres cosas sencillas.Que hay que seguir viviendo y viviendo en profundidad: ellos ya no tienen tiempo, nosotros tenemos tiempo para decirnos las cosas, dar las gracias, pedirnos perdón, echarnos los piropos y las flores. Y es que las flores nos las tenemos que echar en vida, las flores después de muertos no valen para nada.
De bien nacidos es recordar a los que se han ido: he cambiado un poco el refrán que propone: “ser agradecidos”. Fueron tantas las palabras que nos dijeron, las ilusiones, sonrisas, gestos que nos transmitieron, que tenemos que recordar a aquellos que vivieron setenta, cincuenta, diez años, con nosotros. Incluso los que no creen quieren que alguien lleve su foto en la cartera y digan: este era mi padre/madre, mi marido/mujer, mi hermano/a y se les recuerde. Al final, como dice con gracejo el Papa Francisco: “yo no he visto un camión de mudanzas detrás de ningún cortejo fúnebre”, no nos vamos a llevar nada. Lo que quedará de nosotros será la capacidad que hayamos tenido de amar, esa es la herencia que dejaremos. Al final, Dios nos mirará el corazón y verá si lo tenemos lleno de nombres y apellidos de personas a las que hemos querido.
La muerte nos abre una ventana grande a la resurrección: no sabemos lo que hay más allá, pero nos fiamos, como cuenta aquella historia: “Antes de nacer estábamos muy bien en el vientre de nuestra madre.
Lo mismo pasa con la muerte, nos resistimos e incluso tememos y nos hacemos preguntas, pero siempre al otro lado hay un Padre/Madre que nos acoge; y lo llamamos Dios”. En eso consiste la resurrección, nosotros creemos, sabemos, esperamos, que a nuestros difuntos vamos a volver a encontrarlos, fueron tantas las cosas que no les dijimos, las cosas que no dio tiempo a compartir, que tenemos que estar con ellos.

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