En la casa de mi Padre hay muchas moradas.


Sin títuloReflexión del Evangelio del domingo.

No sabemos muy bien qué cosa es la vida, mucho menos sabemos sobre la muerte. Ella siempre nos pilla a traición aunque la veamos venir, nos rompe, nos parte, nos lanza preguntas difíciles de responder. En ocasiones nos invita al grito, a protestar contra Dios, a la rebelión… La muerte es “la piedra de toque” de la vida, nos deja sin saber. Hoy, que solemos ir al cementerio a recordar a nuestros seres queridos, si ellos que ya saben, pudieran hablarnos, nos recordarían tres cosas sencillas.Que hay que seguir viviendo y viviendo en profundidad: ellos ya no tienen tiempo, nosotros tenemos tiempo para decirnos las cosas, dar las gracias, pedirnos perdón, echarnos los piropos y las flores. Y es que las flores nos las tenemos que echar en vida, las flores después de muertos no valen para nada.
De bien nacidos es recordar a los que se han ido: he cambiado un poco el refrán que propone: “ser agradecidos”. Fueron tantas las palabras que nos dijeron, las ilusiones, sonrisas, gestos que nos transmitieron, que tenemos que recordar a aquellos que vivieron setenta, cincuenta, diez años, con nosotros. Incluso los que no creen quieren que alguien lleve su foto en la cartera y digan: este era mi padre/madre, mi marido/mujer, mi hermano/a y se les recuerde. Al final, como dice con gracejo el Papa Francisco: “yo no he visto un camión de mudanzas detrás de ningún cortejo fúnebre”, no nos vamos a llevar nada. Lo que quedará de nosotros será la capacidad que hayamos tenido de amar, esa es la herencia que dejaremos. Al final, Dios nos mirará el corazón y verá si lo tenemos lleno de nombres y apellidos de personas a las que hemos querido.
La muerte nos abre una ventana grande a la resurrección: no sabemos lo que hay más allá, pero nos fiamos, como cuenta aquella historia: “Antes de nacer estábamos muy bien en el vientre de nuestra madre.
Lo mismo pasa con la muerte, nos resistimos e incluso tememos y nos hacemos preguntas, pero siempre al otro lado hay un Padre/Madre que nos acoge; y lo llamamos Dios”. En eso consiste la resurrección, nosotros creemos, sabemos, esperamos, que a nuestros difuntos vamos a volver a encontrarlos, fueron tantas las cosas que no les dijimos, las cosas que no dio tiempo a compartir, que tenemos que estar con ellos.

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