El templo lleno de rostros.


templo
Reflexión para el Evangelio del domingo.

En el Evangelio y en San Pablo se dice qué nosotros somos los verdaderos “templos”, qué podemos adorar a Dios en cualquier sitio “en espíritu y verdad”, “hablaba del templo de su cuerpo”, parece ser la persona y no el templo lo más sagrado. Quizás Jesús tenga que liar otra vez el látigo, como hoy en el evangelio, para recordarnos quién son los templos vivos a los que no se puede injuriar, machacar, expropiar, denigrar, matar, esclavizar… Nuestros templos son un oasis en medio de la ciudad, lugares donde beber del Evangelio y de otros templos vivos para salir y continuar el camino. Cuando Jesús dice dónde quiere estar, dónde se le tiene que reconocer, se trata de lugares sencillos, cargados de humanidad, de cotidianidad, lleno de rostros, y donde las piedras sólo son las personas, las piedras sólo sirven si visibilizan y celebran todas estas presencias.
Nuestros templos deben de ser lugares de encuentro con Dios, nuestras asambleas, donde nuestra vida comunitaria expresan, dicen, trasparentan, invitan a ser lugares de encuentro. Y sobre todo nos unen a toda la Iglesia.

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