El amor hace que tu alma salga del lugar en el que está escondida.


aaComentario al Evangelio del domingo.
“Si juzgas a las personas no tienes tiempo para amarlas” (Madre Teresa).

El amor consiste en que Dios nos quiere. Nos quiere antes de que podamos corresponderle. Nos quiere aunque no lo queramos. El amor de Dios es amor que lleva la iniciativa. Es pura gratuidad que no necesita recompensa, ni reciprocidad. Así debe ser el amor cristiano. El fruto es el amor al prójimo, no podemos limitarnos a querer a los que nos quieren, ni querer para que nos quieran o nos lo agradezcan. La clave es que los otros son el rostro de Dios, están hechos a su imagen y semejanza, por eso hablaremos del amor a los enemigos. Y es que amar no consiste sólo en poner buena cara, repartir sonrisas, dar buenas palabras, no decir “no” a nada… amar consiste también en dar la cara por los débiles, alzar la palabra contra los poderosos, decir no a los opresores.
Si hoy nos cuesta aceptar a Cristo resucitado es porque nos resistimos aceptar la alegría del amor. Si bien la aceptamos con los labios, en la práctica afirmamos lo contrario, ya que en muchas ocasiones cuenta más la fuerza, la astucia, la trampa, el dinero, los intereses…

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