Adviento pasa por dentro.


ddComentario para el Evangelio del domingo (I domingo del Adviento).

Empieza el Adviento, aunque el lenguaje que emplea el Evangelio, parece ser, un anuncio terrible y catastrófico, el sentido verdadero es de esperanza. El pesimismo y la esperanza, están presentes en el interior de cada hombre y en el panorama de toda la historia. Han sucedido y suceden,  acontecimientos verdaderamente angustiosos: catástrofes naturales, enfermedades como el SIDA o el ébola, terrorismo, gentes que se ven forzadas a marchar de sus tierras por la guerra, inmigración y sobre todo hambres. Sin cerrar los ojos a esto; hoy se nos dice: “Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”.Jesús dijo: “Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube…”, “Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida…”, “Estad siempre despiertos… y manteneros en pie ante el Hijo del Hombre”. Mantenernos en pie, despiertos, sin que se embote la mente, es ir más allá de nuestra contradictoria existencia, que se mueve entre el miedo y la angustia, el pesimismo, la resignación y la rebeldía,  la sinceridad y la mentira, la justicia y la injusticia, la lucha y el desaliento… Para hacer nacer dentro de nosotros, el Hijo del Hombre, que no es otro, que Jesús hecho carne en nuestra propia carne.
Adviento pasa por dentro. El nacimiento del Hijo del Hombre, se hace Belén en la cueva de nuestro corazón.
Hay signos de esperanza, aunque no es nada fácil mantener encendida esta estrella, en medio del escepticismo de nuestros días. Lo importante parece que es vivir hoy, no importa el mañana y esos lejanos días que anuncian los profetas y los soñadores de un mundo mejor. Por eso, en el hoy es el momento oportuno de dar razón de nuestra esperanza. Como hombres creyentes debemos de penetrar la oscuridad y convertirnos en profetas de la esperanza. Un gran servicio de los cristianos y de nuestras comunidades a nuestra sociedad, podría ir en esta dirección: penetrar con los ojos de la fe la oscuridad y ayudar a discernir los signos de vida y esperanza. Ser lugares de curación de las heridas de los hombres, que ayuden a crear una atmósfera de compasión y misericordia.

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